Columna revista Cosas: Saber enfrentar la ansiedad

Columna revista Cosas: Saber enfrentar la ansiedad

Oímos la palabra permanentemente. Las noticias nos generan ansiedad. Comemos por ansiedad. Nos desvelamos de ansiedad. Pero, ¿qué es, en realidad, la ansiedad? Habría que saber que la ansiedad es una emoción, al igual que la pena, que la alegría, que la rabia. Por esta razón aparece y desaparece según lo que se está pensando y haciendo. ¿Su misión? La de ser un mecanismo de alerta, frente a algo o a alguien que nos parezca “amenazante” de alguna forma (a nuestra seguridad, a nuestra autoestima, a nuestra autoimagen, etcétera).

Sentir ansiedad antes de dar un examen nos permite llegar a tiempo a la prueba. Oír un ruido en la noche, nos permite despertar, para así resguardar nuestra seguridad. Les doy estos ejemplos para que se entienda que la ansiedad es una emoción necesaria en nuestra vida cotidiana.

¿Cuándo la ansiedad pasa a ser un problema o un trastorno? Cuando nos lleva a evitar a alguna persona o alguna situación. Temo tanto que me vaya mal en los estudios que sufro de crisis de pánico los días lunes al comenzar la semana (y el resto de la semana). Temo tanto volar en avión que rechazo ofertas de trabajo que implican viajes largos fuera o dentro del país. En este punto estamos ya en un cuadro que debe tratarse por médicos y psicólogos especialistas.

¿Qué hacemos los especialistas y qué enseñamos al paciente y su familia? Que la ansiedad debe enfrentarse, que el miedo debe tolerarse. Es justamente lo opuesto que tendemos a hacer como padres cuando llamamos a evitar ese estímulo o esa situación que pone tan ansiosos a nuestros hijos o a nosotros mismos. Esto guarda relación con el concepto “tolerancia a la frustración” (tan mencionado en los informes escolares): Como la frustración es la respuesta común a una situación que no sale como yo espero, la evito. Se trata de un círculo vicioso que va mermando nuestra autoestima. Es costoso, pues muchas veces implica que terminemos escapándonos de aquello de lo que nos sentimos desafiados.

En ese sentido, la ansiedad tiende a ser una respuesta ante situaciones en las que básicamente tememos por nuestro bienestar o nuestra autoestima. Tememos ante la descalificación, el rechazo, tememos ante no poder lograr algo. Si esas emociones no se “atienden” se pueden convertir en enfermedades autoinmunes o del sistema nervioso. Ejemplos hay varios. Crisis de pánico, la gastritis, las cefaleas, lupus, etcétera.

¿Cuál es la sugerencia entonces? A no perder tiempo rumiando sobre qué pensarán los demás de nosotros. A aventurarnos a aprender cosas que nos motiven. Aunque se nos hagan complicadas, resistamos y luego disfrutemos del placer de haber vencido las dificultades.

Para eso es clave encontrar en nuestro día a día no solo actividades formales, como el trabajo, los estudios u otros compromisos, sino que también dar tiempo a otras actividades que nos gustaría hacer solo por placer, porque nos entretienen o nos relajan. Da lo mismo si son o no útiles; si son o no intelectuales. Que no importe la opinión de los otros. Cada uno libera tensiones y se entretiene de distinta manera.

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